Dos Modelos de Amor
Escoger amar a alguien es un acto de fe, es una decisión, es una elección que trasciende mucho más allá de lo que pensamos, es entrar a una relación con alguien conocido de manera externa a convivir con tu cónyuge de manera íntima, a diario y permanente.
La sociedad enseña que el amor es temporal y hasta desechable de manera permanente, cuantas veces quieras vive con tu cónyuge y si no resulta deséchala.
El mundo enseña que el amor es circunstancial, fluctuante, absurdo, sin bases sólidas, sin compromisos firmes, sino hay compatibilidad es la causa suficiente para la separación final, sin importar hijos, aunque si hay bienes materiales, entonces hay razones para llegar acuerdos, en fin, es un amor interesado.
Dios enseña que el amor es permanente es un mundo temporal y desechable. El modelo de Dios es que “el amor nunca deja de ser” 1 Corintios 13:8, no se agota, no se acaba, es permanente, es firme, es un amor que se complace en dar, en llenar, en satisfacer, en perdonar, en soportar, en considerar, en restaurar, en crecer y alimentar cada día el amor para que permanezca siempre fuerte.
Vivir bajo este modelo no nos satisfará completamente, ni evitará que lleguen momentos malos, difíciles, cruciales, pero nos garantiza que juntos podemos superarlo, nos da paz, seguridad y optimismo para llegar juntos hasta el final.
En la Biblia encontramos modelos del amor que permanece y hace que los matrimonios perduren “hasta que la muerte los separe”
Modelos de Amor:
Abraham y Sara, el amor que todo lo cree, donde hay alianza y lealtad.
Isaac y Rebeca, el amor que consuela, complementa, llena los espacios vacíos.
Booz y Rut, el amor que restaura, redime y une lazos familiares.
José y María, el amor sufrido, sacrificial, considerado, que nunca deja de ser.
Estos cuatro modelos de otros que hay en la Biblia, en esta oportunidad estaré disertando sobre el modelo de amor entre Abraham y Sara. Luego en otra entrega iré tratando cada modelo de amor que nos ayude a enriquecer nuestro matrimonio y ser portadores a otras parejas que lo necesiten.
Abraham y Sara
Su historia comienza en Génesis 11, se conocen en un lugar llamado Ur de los Caldeos, en el sur de Mesopotamia, allí se casan y comienzan el recorrido de su historia de amor. Abraham es llamado el padre de la Fe, y también lo llamaremos el padre del Amor, nos dice el relato que Sara era estéril y no tenía hijo, sin embargo no era una limitante para amarse y continuar juntos la aventura del matrimonio.
Muchos eventos sucedieron a lo largo de su vida matrimonial:
Comprensión al mudarse de un lugar a otro (Génesis 12:1),
Establecer acuerdos cuando llegaban a sitios desconocidos (12:13)
Lealtad entre ellos (13:9),
Escuchar los consejos (16:2),
Respeto entre ambos (16:6),
Temían a Dios y creyeron la promesa (21:2)
Honraron a Dios con lo más valioso que tenían (22:12)
y luego de 100 años de casados muere Sara de 127 años y vemos en el capítulo 23 una hermosa despedida que hace Abraham a su amada, comprando un lugar especial donde enterrarla y darle todos los honores. Solo la muerte pudo separarlos.
Podemos ver en las palabras resaltadas en negrita, los ingredientes que nutren y enriquecen la vida matrimonial, no es cuestión de suerte, es básicamente lo que tengo en mí para dar, de allí parte el amor y la reciprocidad entre ambos.
¡Esta historia de amor puede ser la nuestra!, el verdadero amor es que le da sin esperar nada a cambio. ¿Eres feliz contigo misma?¡Comparte esa felicidad con tu cónyuge y añade estos ingredientes a tu hermosa historia de amor!

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