Resiliencia & Espíritu Santo
El concepto de resiliencia es superar algo y salir fortalecido, mejor que antes. La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad. Permite desarrollar conductas positivas ante el estrés, las amenazas o algún conflicto. Por ejemplo, el duelo por la muerte de un ser querido, un despido de trabajo inesperado, el desamor, un periodo de soledad o el sufrimiento. Es la fuerza interna que mueve a una persona para aguantar cualquier situación.
Las personas resilientes tienen en común las siguientes características:
1) No intentan tenerlo todo bajo control.
2) Tienen buen sentido del humor.
3) Dan importancia a la calma y al silencio ligada a la meditación.
4) Practican ejercicio.
5) Llevan una buena alimentación balanceada.
Existe un porcentaje muy alto de personas que viven en sus casas afrontando serios desafíos y no han podido desarrollar suficientemente la cualidad de la resiliencia. Muchos estudiosos del tema, han llegado a la conclusión de que la causa más común de problemas emocionales es la falta de resiliencia. “En muchos casos”, dicen: “simplemente no habían aprendido a superar los desafíos”.
La falta de resiliencia podría ser en realidad, entre otras cosas, su estilo de vida:
1) Demasiado tiempo dedicado a la interacción social digital y poco tiempo a la interacción personal, lo que resulta en habilidades interpersonales deficientes..
2) Demasiada exposición a un mundo virtual poco realista o imaginario, lo que causa una imagen distorsionada de sí mismo, ansiedad y depresión.
3) Impaciencia en un mundo de satisfacción inmediata y respuestas obtenidas a la velocidad de Google. Todo lo quiere fácil y rápido.
4) Un mundo con múltiples opciones que distraen, voces progresistas que confunden e incitan a la depravación moral y distorsión de los valores.
5) Una irreverente y ofensiva vida de espaldas a Dios y su Palabra. Estamos profunda y eternamente agradecidos por el acto de resiliencia más grande en la historia de la humanidad: La Vida, Obra, Muerte y Resurrección del Señor Jesucristo. El Salvador no eludió sus pruebas, aun bajo una presión y una carga incomprensible humanamente, porque estaba dando su vida por quienes ni le amaban, ni le servían, ni le conocían (refiriéndose a nosotros), y por amor a la humanidad “de una manera única…” Juan 3:16 soportó toda clase de humillación, dolor, desprecio y una cruel crucifixión.
Una de las maneras en las que nuestro Padre Celestial, nos enseña a ser resilientes es a través de su Espíritu Santo como se muestra en las Sagradas Escrituras:
Dios les dará el Espíritu Santo, para que esté con ustedes para siempre
(Juan 14:16)
Nuestras armas no son carnales, sino poderosas en Dios para desbaratar cualquier muro o fortaleza que nos estorbe (2 Corintios 10:4)
Y como somos sus hijos, Dios envió a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! (Gálatas 4:6)
El fruto del Espíritu Santo es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza…(Gálatas 5:22-23)
Dios en su Palabras nos advirtió sobre los padecimientos que íbamos a sufrir, pero también nos dejó preciosas promesas para cada una de ellas.
En el mundo tendrán sufrimientos, pero tranquilos, YO vencí al mundo.
(Juan 16:33)
MI paz les dejo y MI paz les doy…no se inquiete tu corazón, ni tengas
miedo (Juan 14:27)
Por ahora tienes tristeza, pero cuando los venga a buscar, se gozará tu
corazón y nadie les quitará ese gozo (Juan 16:22)
Tengan el mayor gozo en medio de las pruebas, porque ellas producen
paciencia (Santiago 1:2-3)
Son las dificultades y las pruebas la que nos ayuda a desarrollar resiliencia, la habilidad para levantarnos, y continuar en el camino estrecho y angosto Mateo 7:14 .
Ese camino frecuentemente es empinado, todos tendremos nuestros tropiezos y contratiempos. Sin embargo, es con la ayuda del Espíritu Santo, lo que nos permitirá seguir adelante con resiliencia y llegar al final de la meta. Filipenses 3:14
Dios me hizo resiliente, dejó escrito para mí y para ti estas palabras:
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque
yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré,
siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”
Isaías 41:10

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