Tengo Miedo
En estos tiempos quizás haya muchas razones para sentir miedo, pánico, angustia y ansiedad, cuando la salud decae, la economía se estrecha o la pérdida de un ser amado llega, nuestros sentimientos y emociones se tambalean.
Cuando hablé con mi amiga Angela su voz temblaba y sus ojos reflejaban angustia, mi hija tiene covid me dijo con voz alterada y me aterra que ese virus acabe con su vida. Luego de escucharla y dejar que sacara de su corazón todo el miedo que la asediaba pudimos conversar sobre los síntomas y el tratamiento que su médico le había enviado, le di palabras de aliento y oramos. Al regresar a casa tuve la sensación y certeza que Angela había drenado sus miedos y había tomado fuerzas en Dios con la seguridad de que todo saldría bien.
Todos sentimos miedo en nuestra vida. Es una emoción con la que nacemos, gracias a él se activa nuestro mecanismo de defensa, o nos paralizamos o corremos. Éste es el miedo que llamamos “alerta” porque está asociado a la prudencia, nos permite reconocer aquellas situaciones que pondrían en peligro nuestra propia integridad.
Pero, ¿qué pasa cuando este miedo se alarga en el tiempo y sin justificación aparente?: entonces se convierte en un miedo tóxico, que puede dañar nuestra salud y bienestar.
Cuando nos encontramos ante una situación de miedo nuestro cuerpo sufre una serie de cambios: el corazón palpita con más velocidad para enviar sangre a las extremidades y al cerebro, las pupilas se dilatan, y se producen tres hormonas: la adrenalina, la noradrenalina y los corticoides, también llamados hormonas del miedo. Por tanto, es biológicamente imposible que una persona sea capaz de desarrollar todo su potencial cuando vive en una situación constante de miedo; porque el miedo paraliza.
¿Qué debo hacer? Canalizarlo, detectar la causa, enfrentar, buscar ayuda
1. Aceptar que tenemos miedo. Sabemos que todos lo padecemos y no es un síntoma de debilidad reconocerlo.
2. Identificar cuál es nuestro miedo. A veces no es fácil reconocerlo. En ese caso lo mejor es centrarnos en la otra cara de la moneda: ¿cuál es el motivo de ese miedo?
3. Mirar al miedo a la cara y enfrentarlo. Nuestro peor enemigo siempre es nuestra propia mente. Nosotros mismos somos capaces de imaginar cosas peores que la misma realidad. Por eso son tan peligrosos los miedos ambiguos.
¿Qué no debo hacer: Encerrarme, negar, ocultar, aislar, quedar atrapada.
En definitiva, para superar los miedos lo mejor es centrarnos en Dios y sus promesas escritas en las Sagradas Escrituras, aquella que nos empuja a seguir adelante a pesar de los riesgos.
“¡NO TEMAS!” Es el mandato más repetido en la Biblia.
¿Sabes cuántos “NO TEMAS” hay en la Biblia?
Dicen que hay 365 “NO TEMAS”
¡Un “NO TEMAS” para todos los días del año!
“Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará…Esfuérzate y anímate…Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides”. Deuteronomio 31:6-8 Hay un solo Temor que debe existir en el corazón En la Biblia se nos exhorta reiteradamente que debemos temer a Dios, que tengamos temor de Él y así vivir en un temor santo. Tener temor de Dios es una absoluta reverencia y admiración por un Dios Todopoderoso, el Creador de todas las cosas. ¡Esto debe causar en mí que el amor, gratitud y una reverencia inexpresable crezcan y aumenten en mi corazón cada día!
Esto nos hace tener temor de pecar contra Él, porque no queremos nada más en este mundo que agradarle y honrar su Nombre. Tememos causarle tristeza o dolor, porque sabemos cuán miserable es el pecado, cuánto lo odia Dios, y cuánto le duele cuando pecamos.
El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Eclesiastés 12:13
Dejemos nuestros temores y miedos en las Manos de Dios, vivamos una vida que a Él le agrade y andemos en este mundo seguros de su dulce presencia.

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